El horror del abandono de animales

Hay muchas formas de maltratar a un animal, y el abandono es una de las más crueles. Y lo es porque se trata de una lenta tortura que acabará, en el peor de los casos con una muerte más o menos rápida atropellado en una carretera, y en el peor en un centro de acogida en el que tarde o temprano será sacrificado.

No hay nada más ruin e inhumano que dejar a su suerte a un animal que ha estado cuidado, atendido al menos, que no ha visto más mundo que el hogar en el que vivía. ¿Qué puede pensar ese perro o ese gato que en un momento se ve solo, en un lugar que no conoce?

Y no, pese a lo que muchos piensen, no es un maltrato “menor” frente a un castigo físico, porque el abandono es una muerte lenta. Los datos son escalofriantes: cada año se abandonan en España 150.000 mascotas. Se trata sobre todo de perros (dos terceras partes), seguidos de gatos y otro tipo de animales que pueden ir desde hurones a galápagos, pájaros tropicales y últimamente cerdos vietnamitas.

La ley pena estos comportamientos desaprensivos, pero da la impresión de que no sirve de mucho, cuando las cifras son tan elevadas. Y erróneamente a lo que se cree, el número de abandonos no crece significativamente cuando llega el verano. La inconsciencia no tiene calendario.

¿Medidas a tomar? Extremar la vigilancia y aumentar las sanciones, desde luego. En España lo único que duele parece que es el bolsillo, de modo que los castigos en este sentido deberían ser ejemplares. Pero hace falta incidir en la concienciación, porque parece mentira que a estas alturas aún haya personas que compran un “perrito” sin darse cuenta de que va a crecer y la casa se puede quedar pequeña, o de que hay que sacarle a la calle. Muchos siguen creyendo que los animales son juguetes, pero son seres vivos, que sienten y sufren.