El insulto, un tipo de maltrato demasiado extendido

En muchas ocasiones se ve como algo normal, es más, en España es bastante habitual utilizar el insulto, bien como desprecio bien como apelativo “supuestamente” cariñoso. Pero en cualquier caso hay que entender el insulto como lo que es: una forma de maltrato. De hecho se ha llegado a calificar este tipo de maltrato como “violencia invisible”.

Y es que el insulto puede provocar en la persona que lo recibe una tremenda inseguridad, porque no deja de ser un menosprecio, independientemente de la intencionalidad con la que se pronuncie. Se atenta contra su integridad emocional y, cuando el insulto es continuo o se recibe simultáneamente de varias personas, puede provocar serias consecuencias.

Es así porque no solo el objeto de los insultos puede sentirse infravalorado, sino que además puede ser una poderosa arma intimidatoria y de infringir sufrimiento e incluso sentimientos de culpa injustificados.

Hay que tener en cuenta otro aspecto: que cada persona recibe y valora los insultos de una manera diferente, porque su interiorización es algo completamente subjetivo. Tal vez haya quien sea capaz de ignorarlos, pero en general, son percibidos como un ataque.

La agresión verbal es siempre un tipo de violencia psicológica que puede ir socavando la personalidad de la víctima. Porque un insulto denigra, degrada, está dirigido a atacar a una persona por su lado más débil, tal ven por su apariencia física, por su madurez, su inteligencia o incluso su habilidad. El insulto daña emocionalmente, destruye la imagen de la persona, incluso su concepto de sí mismo.

Y lo peor de todo ello es que muchas veces se trata de insultos tolerados y justificados por otras personas. Llamar “gordi” a alguien con sobrepeso no es un mote cariñoso, por mucho que se intente hacer pasar por ello. Es un insulto en toda regla, encubierto para no parecer tan ofensivo, aunque seguramente la persona que lo reciba lo vea como lo que es: un ataque.