El maltrato en el seno de la familia y sus mil formas

La gran mayoría de las personas simplifica el concepto de malos tratos y los resume en solo uno de sus muchos aspectos: la violencia física. Pero el maltrato adopta muchas caras, muchas, algunas pueden llegar incluso a pasarse por alto, porque son formas silenciosas y, por ello, a veces las más eficaces.

En el ámbito de la familia se pueden dar infinidad de circunstancias en las que la violencia en cualquiera de sus formas está presente, exclusivamente entre los adultos o teniendo como indefensos protagonistas a los más pequeños. El maltrato físico es el más evidente, el que deja marcas, el que se ve. Desde un golpe a un mordisco, a un empujón o a un pellizco, cualquier acción que implique daño y sensación de dolor puede ser considerada como una forma de maltrato físico.

En ocasiones los malos tratos adoptan otra forma que puede llevar aparejada violencia física: los abusos sexuales. Y al hablar de este tipo de malos tratos hay que referirse incluso en el ámbito de la pareja cuando se obliga a mantener relaciones no consentidas en un momento en particular. Y, lamentablemente, a veces son los menores, mucho más indefensos, quienes sufren los abusos por parte de familiares sin escrúpulos.

Otra de las versiones de los malos tratos es la violencia psicológica, terrible, porque no deja marcas físicas y puede llegar a pasar desapercibida. Gritos, insultos, menosprecios, críticas injustificadas e inmerecidas…hay miles de maneras de minar la autoestima de una personas solo con las palabras.

Y, sumado a todo lo anterior está el abandono o la desatención. No cuidar a un niño como se debe es una forma terrible de maltrato que puede dejarse secuelas físicas y psicológicas de por vida. No alimentarles, no cuidar su higiene no ofrecerle la atención médica necesaria o escolarizarle es una forma más de violencia familiar, una violencia que tiene mil caras que no siempre se ven.