¿Es necesario el maltrato para forjar al profesional en la educación universitaria?

La mentalidad y las costumbres del ser humano han evolucionado al igual que la tecnología y la forma de vida del mismo, puesto que la vida impulsa a las personas a continuar con el proceso evolutivo o sucumbir ante el inexorable e ineludible paso del tiempo. En el pasado una antigua y ya caducada tradición o creencia estipulaba que para potenciar el proceso de aprendizaje eran necesario el mal trato, los castigos físicos y la violencia psicológica, ya que en teoría ante este tipo de injurias el individuo se ve completamente obligado a mejorar y acelerar el aprendizaje para evitar dichos castigos.

Esta obsoleta costumbre de mezclar la educación con el maltrato se presenciaba tanto en la educación primaria o escolar y también en el aprendizaje universitario, por lo que se puede sentenciar que en general las ofensas formaban parte del proceso educativo en general. Ahora bien, en plena segunda década del presente siglo los maltratos cada vez son más repudiables por la sociedad, por lo que resulta imposible encontrar algún instituto o escuela de los países avanzados en donde se les permita a los educadores o profesores las antiguas y atroces formas de penitencia físicas.

No obstante, en los institutos universitarios aún continúan practicándose ofensas por parte de los profesores o instructores como forma necesaria de motivar y forjar al futuro profesional, sin embargo, dichos maltratos no son las penitencias o castigos físicos, sino que se disimulan y encubren como ofensas psicológicas y humillaciones públicas. Las escuelas de medicina son un claro ejemplo de lo anteriormente mencionado, ya que los estudiantes y nuevos residentes deben soportar las humillaciones, en ocasiones injustificadas en la que respecta a los méritos académicos, por parte de los doctores y especialistas quienes fungen como sus educadores.

Al igual que en la medicina, en otras carreras universitarias aún se posee la creencia o la tradición reprochable de que las ofensas y las humillaciones son realmente vitales para que el profesional logre forjar el carácter que se requiere para ejercer la profesión estudiada de manera apropiada. Incluso en profesiones no universitarias tales como en los nobles oficios como la cerrajería y fontanería también se evidencia esta errónea mentalidad ya que el señor Pablo López, empleado de Cerrajeros , afirma que su tutor quien le enseño todas las habilidades necesarias para dicho oficio también lo ofendía groseramente cuando se equivocaba en un procedimiento.

Es necesario que los institutos, profesores y tutores de la actualidad se cuestionen si es realmente las ofensas, los maltratos y las humillaciones deben formar parte del proceso de aprendizaje, ya que las evidencias actuales nos demuestran que dichas injurias tienen altas probabilidades de provocar secuelas psicológicas y trastornos de la conducta. Para finalizar es importante no desvirtuar este planteamiento, ya que lo que se cuestión son los abusos físicos y psicológicos, puesto las sanciones académicas son necesarias debido a que los errores no deben quedar impugnes dado a que cuando se ejerce profesionalmente un oficio el margen de error es mínimo.