Fiestas patronales y acoso sexual

Las fiestas de los pueblos y ciudades son risas, música diversión. Pero en los últimos tiempos son también acoso y agresiones. Una moda lamentable a la que es difícil ponerle freno y que, lejos de disminuir, parece que aumenta, a pesar de las medidas que las administraciones intentan poner en marcha a la presión policial.

Un ejemplo conocido es el de las fiestas de San Fermín. Años anteriores se denunciaron situaciones de acoso abusos. En 2016 hemos tenido que escuchar la terrible violación sufrida por una chica, violación a cargo de cinco hombres que no solo la forzaron, sino que lo grabaron y se vanagloriaron de ello ante sus amigos. Fue el más sonado, pero no el único acto violento contra las mujeres que se denunció en las fiestas de Pamplona.

Pero esta es solo una muestra. El problema se ha extendido como la pólvora y de tocamientos nada inocentes aprovechando una oleada de gente se ha pasado a abusos graves y violaciones en muchos pueblos de la geografía nacional. Y lo que se conozca tal vez solo sea la punta del iceberg, porque muchas de estos abusos, especialmente los menos graves no llegan a denunciarse.

A veces el alcohol o las drogas sirven de acicate. A veces es la simple impunidad que da estar rodeado de miles de personas que no se fijan en lo que ocurre alrededor o que incluso sirven de parapeto. No importa, por separado a unidos son aspectos que no sirven de excusa, pero que sí hacen que este tipo de conductas reproblables y delictivas se repitan sin descanso.

Se ha incrementado la vigilancia policial, se han puesto puntos de atención, hay voluntarios que se mueven por las fiestas y que pretenden ser punto de apoyo para posibles víctimas, se han hecho campañas de concienciación… El lema es tolerancia cero contra los agresores, algo se ha conseguido en los últimos meses, pero lo cierto es que aún queda mucho camino por delante para conseguir que las fiestas patronales sean lo que tienen que ser: solo una diversión sana y pacífica.