Joven, buena alumna y de buena familia: la víctima perfecta

No es el título de una película de terror, es una terrible realidad. Una realidad que cada vez sufren más estudiantes y que se ha hecho tristemente famosa en los últimos años: el acoso escolar a través de las redes sociales mediante el uso de dispositivos electrónicos.

Porque todo evoluciona, también la violencia escolar, que ha encontrado en internet y en los dispositivos electrónicos un manera fabulosa de crecer y extenderse. Para desgracia de las víctimas, cuyo escarnio es cada vez más público, más explícito y mucho más doloroso.

Un reciente estudio sobre el acoso escolar a través de dispositivos electrónicos ha revelado datos terribles sobre esta práctica. Nada menos que el 70 por ciento de quienes la sufren son chicas, acosadas por otras chicas. ¿El perfil de la víctima? Adolescente de alrededor de 14 años, que vive en una familia normal sin problemas y que, además, va bien en los estudios. En cuanto al método elegido para acosarla humillarla: el WhatsApp es el rey. Pero no es la única vía, cualquier red social es perfecta y últimamente se ha puesto muy de “moda”, el Snapchat, donde colgar mensajes cortos que en unos minutos desaparecen sin dejar huella.

Los acosadores casi siempre pertenecen al mismo centro escolar, son del mismo sexo que la víctima y es muy habitual que hayan sido amigos de ella. Niños a los que les mueve la venganza por los aspectos más variados.

En cuanto a las consecuencias del ciberacoso, son evidentes y conocidas: desde episodios de ansiedad a un alarmante descenso del rendimiento escolar o medidas mucho más drásticas y terribles.

Pero hay una realidad que debe llevar a meditar y a actuar en consecuencia, es la edad cada vez más temprana a la que empieza el ciberacoso. Como media, se estima que los niños reciben su primer móvil con 12 años, pero los hay que ya disponen de él mucho antes, con apenas ocho o nueve años, lo que significa que el uso del dispositivo como herramienta de acoso cada vez es a más temprana edad. Poner, por ello, límites es esencial.